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Carlos
Tour planner in Buenos Aires

“No estoy seguro de que yo exista, en realidad. Soy todos los autores que he leído, todas la gente que he conocido, todas las mujeres que he amado, todas las ciudades que he visitado, todos mis antepasados…”. – Jorge Luis Borges

Mis primeros viajes fueron los libros. Antes de cumplir diez años, ya tenia el ritual de escaparme de la cama a la hora de dormir, para leer “las mil y una noches” y “El Quijote”. Luego crecí y la llama del Quijote me impulsó a estudiar Derecho para luchar contra molinos de viento, defender causas justas, y buscar a Dulcinea. Los libros como un viaje hacia los otros y hacia la parte desconocida de uno mismo. Después vendría la pasión por los viajes y esas ganas de conocer otra gente, otras culturas. Recorrí toda Sudamérica. El Brasil de Vinicius de Moraes, la Colombia de Garcia Marquez, el Chile de Neruda, el Perú de Vallejo. Toda mi Argentina y mi Buenos Aires querido, de Borges, Cortázar y Gardel. Después vendrían México, Cuba y gran parte de Europa.

Esa pasión por la diversidad cultural y las personas me empujó a las más diversas actividades. A estudiar actuación y actuar en algunas obras de teatro. A hacer un posgrado en Gestión Cultural y Sociología de la Cultura. A trabajar como asesor en la Secretaría de Cultura de mi país. Por supuesto, bailo tango, y escribo desde que tengo memoria. Actualmente estoy escribiendo mi primer disco de tangos contemporáneos con música de mi amigo y vecino Sebastián, que es un gran bandoneonista argentino.

A Ovidio lo conocí en Buenos Aires por nuestro gran amigo común Francoise. Un amigo que para nosotros es como un hermano. Llego a las 2 de la mañana, con una botella de licor casero rumano que nos había preparado nuestra amiga, la novia de Francoise. Así que brindamos, y creo que en el acto supimos que seriamos grandes amigos. Y cada noche salíamos a recorrer la infinita Buenos Aires, la Capital Cultural de Latinoamérica, a mi modo de ver. Con su tremenda cantidad de teatros independientes, sus bares y cafés, sus librerías históricas, el futbol. Y por supuesto  lo llevé a las milongas (lugares donde se baila tango) a ver esa magia inasible que es el tango. Y conversábamos interminablemente, con esa sangre latina que nos caracteriza, y él me contaba con gran pasión, su sueño de emprender Garlic Trail.

– ¡Tiene que ser un viaje de amigos!- Me decía mientras le brillaban los ojos. Capté inmediatamente lo que soñaba y me contagiaba irresistiblemente su pasión. La amistad es algo muy fuerte e intenso en Argentina. Los amigos son como nuestra segunda familia. Mientras me lo contaba, veía que era un sueño hermoso, pero difícil de lograr. Sin embargo, había algo en su convicción, que me hizo no dudar que lo lograría. Mientras él me seguía hablando, me sonreí recordando las palabras del escritor Henry Miller: “Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”.

Ovidio ya tenía armado su primer viaje de Garlic Trail a Tailandia. Así que, súbitamente casi me gritó:
–Venite con nosotros-
– ¡Por que no?!

Así que, unos meses después, en Enero, dejando una mujer especial en Buenos Aires, de la que todavía no sabía, me enamoraría perdidamente, llegué a Bucarest con 12 grados centígrados bajo cero, visité a Francoise en Timisoara, bebimos mas licor rumano hasta la madrugada, y después nos fuimos hacia Belgrado a tomar unos cuantos vuelos hasta los 35 grados centígrados de Tailandia. Extraño grupo. Diez rumanos y este argentino, liderados por Ovidio. Si. Los sueños se hacen realidad.

Visitamos los templos budistas, escuchamos y contamos  mil  historias, fuimos a sus islas, dormimos en el medio de la selva. Y cuando Chiang Mai parecía irse a dormir, nosotros nos resistíamos a que termine la noche y nos íbamos en moto a recorrer la ciudad en busca de aventuras. En ese viaje sellamos una gran amistad. Y pude ver como el sueño de Ovidio de hacer una comunidad de amigos apasionados por viajar y conocer otras culturas se hacía realidad. Ahora, cuando Ovidio viene a Buenos Aires con sus amigos, lo ayudo a que redescubra cada vez esta fascinante parte del mundo, y terminamos la noche con una gran fiesta en mi casa porteña de principios del siglo XX. Donde nunca falta buen vino argentino y una botella de licor rumano.

I’m not quite sure that I exist, in reality. I am all the authors I have read, all the people I have met, all the women I have loved, all the cities I have visited, all my ancestors … ”. – Jorge Luis Borges

My first steps into discovering the world was through books. Even before turning the age of ten, I already managed to create a ritual of escaping my napping time, in order to read ” the Arabian Nights” and “The Quixote.” Growing up the flame of Don Quixote prompted me courageously to study law in order to fight against tilting windmills, to defend right causes, and to search for my Dulcinea. Books are like someones journey and it allows us to discover the unknown part of oneself. Then came the passion for traveling and the desire to meet new people, new cultures. I ran my eyes all over South America. Brazil of Vinicius de Moraes, Colombia of Garcia Marquez, Chile of Neruda, Peru of Vallejo. All my Argentina and my beloved Buenos Aires, of Borges, Cortázar and Gardel. Then came Mexico, Cuba and a large part of Europe.

That passion for cultural diversity and people drove me to the most diverse activities, as: To study acting and act in theater scripts. To graduate a postgraduate degree in Cultural Management and Sociology of Culture. To work as an advisor in the Ministry of Culture of my country. Obviously, I dance tango, and I’ve been writing since I know myself having a memory. Currently I’m producing and writing my first record of contemporary tangos with music composed by my friend and close neighbour Sebastián, who’s a great Argentinian bandoneonist.

I met Ovidiu in Buenos Aires through our mutual mate Francoise, a friend who for us is like a brother. He arrived in front of my door at 2 o’clock in the morning, with a special bottle of Romanian homemade plum brandy that was prepared and send by Francoise’s partner. So we toasted, and I think it was in a second that we knew we would be great friends. Every night we set out to tour the infinite Buenos Aires, also known as the Cultural Capital of Latin America, as I see it. With its tremendous amount of independent theaters, its bars and café corners, its historical libraries, football lovers… and of course I took him to our Milongas (places where we dance tango) to see that unattainable magic that offers tango. We talked endlessly, with that Latin blood that characterizes us, and he told me with great passion, his dream of undertaking Garlic Trail.

– It has to be as a friends trip! – He said to me, meanwhile his eyes flashed. I immediately grasped what he was dreaming meanwhile his passion irresistibly catched (grabed) me also. You see, friendship is very bounding and intense in Argentina. Friends are like our second family. While he was telling me, it was clear to me that it was a beautiful dream, but difficult to achieve. Nevertheless, there was something in his conviction, which made me not doubt a second that he would succeed. As he kept talking to me, I smile appered on my face, as Henry Miller words came in my mind: “Our destiny is never a place, but a new way of seeing things.”
But Ovidiu had already a set up to take over Thailand with his first Garlic Trail trip. So, suddenly he almost shouted at me:
  Come with us-
– Why not?

So, a few months later, in January, I was leaving behind me one of a kind lady in Buenos Aires, whom I didn’t know by that time that I would fall in love hopelessly and I arrived in Bucharest at 12 degrees Celsius below zero. I stopped for a visit at Francoise in Timișoara, we drank more Romanian plum brandy until down was breaking, and then we drove into Belgrade to take our flight wit a few stops in order to arrive at Thailand’s 35 degrees Celsius. And I  mention: hell of a strange group we wore. Ten Romanians and this one Argentinean, led by Ovidiu. Yes. Dreams become real.

We visited Buddhist temples, we listened and exchanged thousands of stories, we discovered also his favorite islands, we slept in the middle of the jungle. And when Chiang Mai seemed to be asleep, we withstand the end of the night and take a motorcycle tour of the city in search of adventure. On that trip we sealed a great friendship. And I was witnessing how Ovidiu’s dream of making a community of friends passionate about traveling and meeting other cultures came true. Now, when Ovidiu comes to Buenos Aires with his friends, I help him to rediscover and reconnect with this fascinating part of the world, and we celebrate each visit with a big party in my house, a typical portena mansion in the early twentieth century. Here you never miss the good Argentine wine and a bottle of homemade Romanian plum brandy.

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